Lunes 28/3/16

Escribí esta entrada hace meses y ya no estoy en Argentina, pero quise publicarla. Cuando escribí estas palabras, era mi segundo mes de intercambio y justo había cambiado de familia anfitriona y me había mudado a su casa. No subí esto antes porque me dio un poco de vergüenza en el momento y no quería que todos me evitaran. Igual es una parte válida de mi experiencia, así que les doy acceso ahora. Pronto voy a escribir una guía a Tucumán para que sepan lo que experimenté allá y para que vean las diferencias entre los EEUU y Argentina. Bueno, ya les dejo leer, prepárense para el asco.

  • Hablé dormida a las 6:00 am de cómo voy a comportarme con esta familia nueva. Le dije a mi hermana, “Milagros, fíjate que la educación es muy importante. Así que les voy a tratar super bien para que no me exilien.”
  • Mi mamá me manejó a la escuela para mi primer día. Me mostró dónde quedan las paradas del “bondi” (colectivo) para irme sola mañana.
  • En el primer recreo hablaba con unos chicos al fin de un pasillo y todos ellos se sentaban en una mesa vieja, usándola como un banco. La guacha cantó algo y ellos empezaron a mover sus piernas frente y atrás y de repente se rompió el banco y todos se cayeron al suelo. Una amiga mía y yo corrimos la otra dirección, alejándonos para evitar la culpa, pero los demás se quedaban allí en el piso, muriéndose de risa. Ningún profesor vino para regañarles, así que quemé unas calorías sin necesidad.
  • También asó el momento más asqueroso en mi vida. Fue traumático y todavía me da impresión. Igual es un poco gracioso el cuento. Ya les cuento cómo fue.

La primera vez que sentí un picor en mi cabeza, no pensé en nada. Poco después pensaba que tal vez tuve una alérgia al champú nuevo que usaba, entonces traté lo de mi hermana. Nada cambió. Pero no quería mencionar eso a la madre de la otra familia porque nuestra relación era super ténue; yo andaba en la cuerda floja y no quería causar más problemas. Este fin de semana, el picor era inaguantable pero no sabía que fue y además los voluntarios de AFS me estaban pasando entre ellos como si fuera el papa caliente del juego juvenil. Finalmente hoy sentía como si algo fuera reptando en mi cuero cabelludo. No era una señal buena. Cuando reuní con mi mamá en su trabajo, me volvía loco el picor y por eso decidí contarle que pasaba. “Capaz que la gatita en la otra casa me pasó sus pulgas,” le dije. Después de todo, ella siempre dormía en mi cama como si fuera la tuya. Ella la dueña y yo una forastera molesta que intentaba robarla. Mi mamá no creía mi teoría. Acá en Tucumán, los piojos son comunes, pasado de cabeza a cabeza, especialmente en la escuela. En mi vida en los Estados Unidos, conocí una sola persona que tuvo piojos y eso había pasado hace tiempo ya. Así que la posibilidad de bichos ni cruzó mi mente por un rato. Simplemente aguanté. ‘Si te pica, ráscate’ no es un buen consejo tomado literalmente, pero lo seguí de todas formas. Y nadie me avisó de lo de los piojos porque todo el mundo acá sabe que hacer cuando sienten un picor. Ahora pagaba el precio para mi ignorancia. ¡Qué asco! Tenía parásitos tomando mi sangre como sangria o (ok argentinos, fernet) y tomando residencia en mi cabellera.

“Seguramente sólo son pocos,” mi mamá me consoló.

“No, mamá. Hay una colonia viviendo acá,” le dijo, gesticulando a mi cabeza. [Ya habían elegido el alcalde, construido una taberna y entonces estaban velociando en las carreteras entre mis pelos, tenía certeza]

“No tantos así,” me dijo ella. “¡No una colonia! Una familia por lo máximo.”

Pues, si son una familia, son una familia muy grande, con parientes lejanos. Eso no es una familia nuclear, una familia que sólo está compuesta de mamá, papá, y dos hijitos felices. O no. Los padres se divorciaron y uno encontró a un amor nuevo y ahora hay hermanastros y medio-hermanos. La hermana mayor se casó y ahora los cuñados y los concuñados habitan mis raíces. Hay ese primo que nunca has visto en tu vida hasta que tía-abuela Mabel te le presente cuando ella se da cuenta que tenés 26 años y todavía sos soltera. Vive ese senil que nadie recuerda como pariente pero le cuidan de todas formas porque todavía no hay un residencia de ancianos en el área, ¡gracias a Dios! Hay un tío borracho. Siempre hay un tío borracho. Como los piojos se envejecen rápidamente y reproducen con aún más velocidad, los hermanos originales ya tienen hijos y sus hijos tienen sus propios hijos. ¡Los padres de ellos son tatarabuelos! Y cada hijo tiene unos padrinos, y cada padrino tiene su propia familia para crear ahijados para los demás. Y sin duda, otros piojos, que perdieron sus padres en una exterminación en otra cabeza, saltaron a la mía para juntarse con esa parranda que tengo. Ya fueron adoptados, el abogado de la familia legalizó los pedidos hace tiempo ya. Y claro que hay liendres. Las mamás orgullosas esperan a sus huevitos chiquitos. Empezamos con José Arcadio, Úrsula y Aureliano, siguió con Aureliano Segundo y Arcadio, y ya pasamos los Terceros y los Cuartos. Todos tienen los mismos nombres por las generaciones. Pero su Buendía iba a terminar, decidí yo. Voy a acortar su Cien Años de Soledad.

“Si no se habrán ido en tres días, voy a afeitar todo. ¿Conoces a un buen barbero?” Le pregunté a mi mamá. Ya no me importaba la apariencia ni la compostura. Tenía que sacar esa infestación.

“Se van a ir, mi amor. No puedes quitar todo tu cabello bonito por algunos piojos, aún si sean una familia grande. Espera un ratito y se irán.”

“No, mamá. No puedo esperar. Prefiero ser calva que hospedar a estos malditos argentinitos. ” le dije.

“Por eso hay químicos y peine. Esta segunda familia argentina que tenés te va a cuidar. Nosotros te ayudaremos, no te preocupes, mija.”

“Lo aprecio mucho. Pero una cosa: ustedes no son mi segunda familia acá en argentina,” le corregí.

“¿No?” Su cara mostraba sorpresa.

“Ustedes son la tercera. Yo sé que estoy en tu casa ahora, pero de verdad todavía vivo con mi segunda familia. ¡La siento corriendo en mi cabeza ahora!”

“Por dioooooooo.” La mamá tucumana clásica. “Ok vamos a Walmart!”

“¿Walmart? ¿Acá en Argentina?” Le pregunté. Ella asintió.  “¡Ni sho ni sabía!”

Bueno, no soy la única yanqui en la provincia. Guau. Los argentinos le creen tan sofisticados y yo también les veo así. Todos con su chocolate europeo, su amplio armario de alta moda, cebando mate en sus envases de plata, tomando su fernet y fumando sus cigarillos. ¿Pero van de compras en WALMART? ¿Es en serio? Pues, nada debía sorprenderme porque ya había notado su obsesión nacional con crocs. CROCS Y WALMART. Hay dos palabras para esta situación: el egante. Jaja no. Al principio, me dio mucha risa pero después me entristeció un poco. Lo de los crocs es muy patético. De todas formas, compramos un veneno para exterminar los bichitos y algún chocolate para ayudarme a enfrentar la trauma.

Cuando regresamos a la casa, Pamela y Mamá atacaron el problema con dos peines de metal. Mis peores miedos fueron confirmados. Una familia MUY grande. Para sacar a las criaturas del peine, tocaron los dientes del peine como si fuera una arpa. Nunca quiero escuchar ese sonido en mi vida otra vez. Adultos negros y jóvenes pequeños se escabullieron y docenas de liendres relajaron tranquilo en el papel. No te voy a mentir. Lloré. Me preguntaron “¿Qué te pasa?” Lloré aún más. Me dijeron que todo el mundo contrae los piojos, que soy una suertuda porque nunca los había tenido antes. Continué llorando. Me dijeron que la Argentina es un país del tercer mundo, que no tienen los mismos lujos que los yanquis. Dejé de llorar por dos segundos para decir que ellos viven en Yerba Buena y no pueden decir ni una palabra de vivir en el tercer mundo, igual como los del Main Line en Filadelfia. Se rieron y siguieron jalando esos insectos de mi pelo y yo seguí llorando. Realmente había sido un día demasiado difícil y esta situación con los piojos era la gota que colmó el vaso.

Gracias, Argentina.

DSC_0108 (1)

Yo casual, fingiendo no tener insectos trepando por todos lados en mi cuero cabelludo.

 

 

 

 

 

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s