Naúsea

Aunque encuentro la situación graciosa, tal vez no te gustaría leer una entrada sobre los fallos de mi aparato digestivo. Sigue leyendo bajo su propia responsibilidad.

He estado enferma desde anteayer, cuando comí algo malo. No me di cuenta que había quedado en el aire húmedo y caliente por demasiado tiempo. Ahora, estoy sufriendo un poco por el queso. Ayer tuve un nudo en el estómago, calambres, dolor de la panza; todos resultados de una intoxicación alimentaria brutal. Fui a la Normal, mi secundaria porque no me sentí tan mal al principio y no quería faltar el primer día. Fui hoy también por las mismas razones, pero no debía. Me arrepentí de ir dentro de los primeros cinco minutos de mi primera hora. Pedí al profesor que me permita ir a los servicios. Me dio una mirada como si me dijera “¿Por qué no lo hiciste antes de mi clase?” pero después asentió porque vio en mis ojos el estado de emergencia.

No me podía ubicar ni recordar dónde exactamente está el baño de las chicas y no tenía tiempo para buscarlo. Bajé las escaleras y esperé que alguien me dirigiera. Un profesor estaba. De repente, me sentí como iba a vomitar. Me senté en una silla aleatoria y sugerí que me trajera el embase que atrapa el agua que cae del aire condicionado. En un momento, sabía que los contenidos de mi estómago no iba a escapar por mi boca. Le pedí que me guiara al baño más cercano. En vez de acompañarme allá, me llevara a la oficina y las secretarias me colocaron en una silla. “Necesito ir al baño,” les dije. Parecí super pálida, entonces no querían que me moviera. Temeron que me desmayara. Sin embargo, insistí. “Sería mejor que mi delantal se mantenga su color de blanco.” No quería manchar mi uniforme.

El director había llegado y él decidió a llevarme al baño de los docentes. Después de ir al baño, vi la falta de papel higénico (por si fuera poco). ¡Auxilio! Finalmente alguien lo consigio y salvó el día. Alguien otro había citado a mi hermana. También algunas amigas vinieron y me desearon buena salud. Alguien llamó a mi padre y el salió de la casa de pie por la falta de estacionamiento y la profusión de calles peotanales cerca de mi escuela. Sugerí a mi hermana que hallara una bolsa de plástica para que no vomitara en las calles mientras estaba rumbo a casa, pero mi estómago tenía un plan diferente. Señalé a la papelera con tal de que me lo trajera. Estaba recogiendo mi pelo en una cola cuando mi panza tensó y expulsé bilis y galletas digeridas parcialmente. Marilina agarró mi pelo.

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Casi me convertí en una famosa por hacerme encima enfrente de la clase, pero apenas escapé de el aula a tiempo. Si lo hubiera hecho en el salón, no sólo habría sido la yanqui alta sino que la chica que largó los chanchos. No pasó. Agradezco eso.

 

 

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